Cercéname el himen con la erección de tu navaja
Permíteme observar esta aleación entre sangres y miel
blanca
Esculpe mis formas a martillazos pero sin dejar de
dulcificar el tacto
Envuelve en tus sábanas súbitamente y déjame humada
para siempre que tu trémula respiración será mi
éxtasis...
Desflórame la piel, inocúlame con violencia, sin dejar
al lado el vago vestigio de pasión que te
queda, sacúdeme con la rigidez de tu lengua, para que
asfixies el nacimiento del engendro, clávame los
dientes y bebe del rojo carmesí de mi cuerpo, pronuncia
mi nombre en gemidos inarticulados, subyuga mi cuerpo
dentro del tuyo que tu voraciada me redime, me
castiga ¡ay! El fluir de la miel por horas y horas de
coito, paroxismo de dolor y placer
Las profundidades que ansiaba, la oscuridad, la
finalidad, la absolución, la parte inferior de mi ser es
alcanzada por la virilidad de tu secreción y me pides
que grite pero no puedo, tengo sangre en los ojos
,entre las piernas, las palabras se ahogan, quiero gritar
como una salvaje, sin palabra sin sentido, procedentes
del fundamento mas primitivo de mis entrañas
Dame
muerte, profáname, enviléceme, vulgarízame, humíllame,
pero hazlo con amor....
Tamara Pin Acosta
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